Rosas de lápiz

carmin nacen en la piel

de los manates.

 

 

Supongamos que Dios

soñase a un hombre, o a un monstruo

-y que éste fuese yo.

 

 

Los muertos de un

idioma lo siguen

hablando claro.

Masats y el arte de:

 

 

 

 

Mando postales

de cada reencarnación

a mi madre.

 

 

Una peonza roja,

soy, amor, bailando

en tu ombligo.

© 2015 Josep Masats